Marzo 19, 2009.Hoy volví a constatar que únicamente de uno es que depende nuestro estado de ánimo y el cómo vamos a estar, a ver y a percibir al mundo.
Llevo varios días con un sentimiento abrumador, causado por el exceso de actividades, los pendientes, las responsabilidades y las tareas que parecen aumentar al paso de los días.Hoy por la mañana, como casi todos los días, en el lapso entre el momento en que me levanto y él que salgo de casa para hacer ejercicio, encendí el radio para escuchar las noticias.
Al paso de los minutos sentí que volvía mi estado de alteración, parecía que mis siete horas de descanso no hubieran cumplido con ese fin y despertaba con los mismos pensamientos con los que me dormí.
En ese momento recordé cómo me es que me relajo en lugares distantes y distintos a los de mi rutina. La clave, lo que busco en mis viajes es justamente alejarme de ella.
Así que apagué el radio y al paso de unos minutos mi humor y sensación dio un giro de 180 grados, de pronto el día pareció distinto, más relajado, más fresco, era un día distante de lo que vivo a diario. Al apagar el radio me fui de viaje a los lugares en los que mi mente descansa y por tanto, me sentí mejor, me fugué. Descansar es darse un tiempo de recuperación, de recarga, de respiro. Todos necesitamos equilibro en nuestras todo lo que hacemos.
Nuestras vidas nos arrastran a donde ellas quieren y debemos ser nosotros quienes lleven el timón y el mando de ellas. Un muy buen ejercicio es salirse de la rutina, aún estando inmersos en ella. Porque no es el lugar, ni las personas lo que nos altera o nos complace, es la respuesta que damos a las circunstancias lo que verdaderamente importa para vivir un estado alterado sin paz, o uno pleno de tranquilidad y dicha aún en medio del más estresante escenario.

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